Un artículo de Santi Ramirez
El término de “Oriente Medio” no está definido con precisión. En
general, cuando nos referimos a esta región, estamos haciendo alusión a una
serie de países un tanto heterogénea. Así, podemos hablar de algunos países
africanos o del Mediterráneo oriental, como pueden ser Libia, Egipto, Sudán o
Turquía. Pero esta región también se extiende hasta el Golfo Pérsico, comprendiendo
a países como Líbano, Siria, Palestina e
Israel, así como Jordania, Irak, Irán,
Arabia Saudita, Baréin, los Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Omán, Qatar y
Yemen. Incluso, desde un punto de vista extensivo, también se podrían incluir
en ella a países como Afganistán y Paquistán.
Debido a una serie de consideraciones derivadas de sus ambiciones
hegemonistas, EEUU también llegó a incluir en esta región al resto de los
países del Magreb e incluso a otros del Asia Central y de la región del
Cáucaso, acuñando así el término de “Gran Oriente Medio” que más tarde sería
sustituido por el de “Nuevo Oriente Próximo”.
En cualquier caso, Oriente Medio es una compleja región que, por sus
características sociales, económicas, políticas, étnicas, culturales y
religiosas, se ha convertido en un auténtico nudo de contradicciones. Unas
contradicciones que se entrelazan unas con otras, en una relación dialéctica de
mutua interdependencia.